El Gobierno oficializó la salida del organismo global tras un año de trámite. La decisión refuerza el quiebre con espacios multilaterales y abre dudas sobre sus consecuencias
El Gobierno nacional formalizó la salida de Argentina de la Organización Mundial de la Salud, en una decisión que consolida el giro crítico de la gestión de Javier Milei frente a los organismos internacionales y que ya genera cuestionamientos por sus posibles efectos.
La medida fue publicada este jueves en el Boletín Oficial, donde se dejó constancia de que el proceso quedó завершado tras cumplirse el año de plazo desde la notificación inicial, realizada el 17 de marzo de 2025. Desde Cancillería, el director de Tratados, Juan Pablo Paniego, certificó la desvinculación formal.
Días antes, el canciller Pablo Quirno había confirmado el retiro, en línea con la decisión política adoptada por Milei, quien había instruido al entonces ministro de Relaciones Exteriores Gerardo Werthein a avanzar con la salida en medio de críticas a la gestión sanitaria global durante la pandemia.
Sin embargo, la ruptura con la OMS no es un dato menor. Argentina integraba el organismo desde 1946, con una participación sostenida durante décadas en políticas de cooperación sanitaria, acceso a información epidemiológica y coordinación internacional ante emergencias.
El paso que da ahora el Gobierno no solo implica un cambio de rumbo, sino también un posible retroceso en términos de articulación global. Especialistas advierten que salir de estos espacios puede debilitar la capacidad de respuesta ante crisis sanitarias y reducir el acceso a programas, financiamiento y redes de investigación.
La decisión se inscribe en una lógica más amplia de distanciamiento de ámbitos multilaterales, lo que refuerza la idea de un país cada vez más aislado en el plano internacional. Mientras el oficialismo lo presenta como un acto de soberanía, crecen las dudas sobre si el costo de esa autonomía no terminará impactando en la salud pública y la inserción global de la Argentina.
