El estreno del equipo de Eduardo Coudet en el plano internacional quedó opacado por las críticas a la transmisión exclusiva del partido, que limitó el acceso de los simpatizantes.
El empate de River ante Blooming en Bolivia, en su debut por la Copa Sudamericana 2026, dejó más que un análisis futbolístico: la polémica por la televisación se convirtió en el eje central de la jornada.
El encuentro solo pudo verse a través de la señal DSports y la plataforma DGO, ambas pertenecientes a DirecTV, lo que generó un fuerte malestar entre los hinchas, que no tuvieron acceso a las pantallas deportivas tradicionales.
Las quejas se trasladaron rápidamente a redes sociales, donde los simpatizantes expresaron su bronca tanto por la exclusividad como por problemas técnicos durante la transmisión, con reportes de cortes y fallas en el servicio.
El descontento ya venía creciendo desde la previa, cuando se conoció que para seguir la competencia era necesario contratar un paquete específico. Incluso con beneficios para socios, el reclamo apuntó a la falta de opciones más accesibles para el público general.
Detrás del conflicto aparece un cambio de fondo en el negocio del fútbol televisado: la Copa Sudamericana 2026 quedó bajo derechos exclusivos de DirecTV, desplazando a señales históricas como ESPN o Fox Sports y obligando a los hinchas a migrar de plataforma si quieren seguir a sus equipos.
En ese contexto, el debut de River dejó una señal clara: mientras el equipo empieza a construir su camino deportivo en el torneo, afuera de la cancha crece una tensión cada vez más visible entre el negocio de la TV y el acceso de los hinchas al espectáculo.
