Polarización, ajuste y futuro: Argentina en la encrucijada

Por Brenda Nievas, licenciada en Ciencia Política y consultora en Sintonía Fina.

La polarización política ha sido objeto de estudio durante décadas, pero en los últimos años ha adquirido una intensidad particular en democracias de todo el mundo. Diversos socólogos y politólogos han advertido sobre sus peligros y daños colaterales, como la distinción entre polarización ideológica y polarización afectiva. Esta última se caracteriza por un rechazo visceral hacia el adversario político, más que por una diferencia programática.Antecedentes históricos y comparaciones internacionales. Aunque el término ha cobrado mayor relevancia en el siglo XXI, el fenómeno no es nuevo. En Argentina, la grieta política tiene antecedentes en el enfrentamiento entre unitarios y federales en el siglo XIX, luego en la división entre peronistas y antiperonistas desde 1945 y, más tarde, en las tensiones marcadas durante el retorno de la democracia en 1983. Sin embargo, la polarización contemporánea, exacerbada por el ecosistema digital y la crisis de representación, presenta características que la diferencian de esos conflictos históricos.Esta dinámica no es exclusiva de Argentina. En Estados Unidos, la presidencia de Donald Trump (2017-2021) profundizó la fractura entre demócratas y republicanos hasta niveles irreconciliables. En Brasil, el ascenso de Jair Bolsonaro en 2018 intensificó la división entre bolsonaristas y lulistas. Como explica Yascha Mounk en El pueblo contra la democracia (2018), los liderazgos populistas tienden a dividir la sociedad entre un «pueblo puro» y una «élite corrupta», consolidando un antagonismo que dificulta la gobernabilidad.El fenómeno Milei: entre el antagonismo y la deslegitimaciónSegún la licenciada en Ciencia Política Brenda Nievas, la irrupción de Javier Milei en la escena política argentina ha sido disruptiva. Con un estilo agresivo y confrontativo, Milei no se limita a competir en el campo electoral: deslegitima abiertamente a sus adversarios, transformando la política en una batalla simbólica. Este uso radical de la retórica implica un riesgo real para la convivencia democrática, ya que, al eliminar el espacio para el diálogo, se reducen las posibilidades de construir consensos esenciales para la gobernabilidad.Nievas destaca que el ataque sistemático a periodistas, docentes, científicos y artistas no solo genera un clima de hostilidad, sino que también incentiva la persecución y el acoso, tanto en redes sociales como en la vida pública. Uno de los aspectos más preocupantes de su discurso es su embestida contra los avances en derechos humanos, feminismo y diversidad. Su gobierno ha desmantelado políticas clave en estos ámbitos, intensificando la polarización con sectores que ven amenazadas sus conquistas.Su estrategia discursiva no solo identifica adversarios políticos, sino que los reconfigura como enemigos absolutos: feministas, periodistas, ambientalistas, sindicatos, científicos, organismos de derechos humanos e incluso sectores empresariales que no adhieren a su modelo. Esta dinámica impide la construcción de un sistema democrático saludable, donde las diferencias se canalicen a través del debate y la negociación, en lugar de la descalificación y la violencia simbólica.El ajuste fiscal y sus consecuenciasDe acuerdo con el análisis de Nievas, el ajuste fiscal promovido por el gobierno actual, que incluye la eliminación de subsidios, el recorte del gasto público y otras medidas drásticas, ha reducido indicadores como la inflación y ha generado un superávit fiscal. Sin embargo, esta política de austeridad tiene un alto costo social. La reducción abrupta de los recursos destinados a servicios básicos, especialmente en salud, ha afectado de manera crítica a los sectores más vulnerables. Algunos analistas y colectivos han llegado a calificar estos recortes en salud pública, que debilitan el acceso a medicamentos y servicios esenciales, como un «genocidio planificado».Experiencias internacionales, como las de Rusia en los años 90, Chile con el modelo de los Chicago Boys o Ecuador tras la dolarización, demuestran que los ajustes extremos, si bien pueden estabilizar ciertos indicadores macroeconómicos a corto plazo, suelen dejar cicatrices profundas y agravar la desigualdad a largo plazo. Nievas advierte que las políticas de ajuste pueden profundizar las brechas sociales si no se acompañan de medidas que protejan a los más vulnerables.Reflexión final: ¿hacia dónde va Argentina?Para la consultora de Sintonía Fina, el fenómeno Milei no puede entenderse solo desde una óptica negativa. Su llegada al poder representa el hartazgo de una parte de la sociedad con la política tradicional y la búsqueda de una alternativa a un modelo que ha fracasado en dar respuestas. No obstante, la pregunta es si estos logros justifican el costo social que se está pagando, tal como se ha visto en otros modelos que implementaron políticas similares, ofreciendo respuestas en términos macroeconómicos pero fracasando eventualmente.Nievas sostiene que la situación actual de Argentina, marcada por una polarización exacerbada, un ajuste fiscal profundo y un futuro incierto, exige replantear la política como un espacio de competencia constructiva y no como un campo de batalla permanente. La historia y la actualidad demuestran que, aunque los compromisos internacionales (como los establecidos por la OMS y el Acuerdo de París) son parte de un marco normativo global, el cuestionamiento de estas directrices y los recortes en áreas fundamentales como la salud pública han generado temores sobre la viabilidad de este modelo.Según Nievas, el desafío radica en transformar la confrontación en una competencia política que, sin dejar de ser «adversarial», permita la coexistencia de ideas y la construcción de consensos. Si el ajuste fiscal y las reformas estructurales no se complementan con espacios de diálogo, el costo social podría ser insostenible y el desgaste institucional, irreparable.Las decisiones que se tomen hoy marcarán el futuro del país. La pregunta es si queremos aprender de la historia o repetir los mismos errores esperando un resultado diferente.