La otra guerra: la desinformación como misil

Por Heber Sirerol, politólogo

Cada vez que estalla un conflicto armado, la primera víctima es la verdad. La frase suele atribuirse al senador estadounidense Hiram Johnson durante la Primera Guerra Mundial, y más de un siglo después conserva una vigencia inquietante.

Hoy, mientras el mundo observa con preocupación la escalada entre Israel, Estados Unidos e Irán, la guerra no se libra únicamente con misiles, drones o sistemas antiaéreos. También se combate en otra dimensión: la de la información, la percepción y las emociones colectivas.

Es la guerra psicológica del siglo XXI.

La guerra de la comunicación

En los conflictos modernos, el objetivo ya no es solo destruir infraestructura militar. También se busca moldear la narrativa global. Cada imagen difundida, cada video viral y cada titular dramático forman parte de una estrategia de posicionamiento.

Los gobiernos, los ejércitos, las agencias de inteligencia e incluso actores privados participan activamente en lo que los especialistas llaman “guerra informativa” o “guerra cognitiva”: una batalla destinada a influir en lo que las sociedades creen que está ocurriendo.

Las redes sociales aceleraron este proceso. Lo que antes tardaba días en instalarse en la agenda pública, hoy se viraliza en minutos. Un video de una explosión puede recorrer el mundo antes de que alguien verifique si ocurrió realmente o si pertenece a otro conflicto.

Y allí aparece el terreno fértil para la manipulación.

Fake news, propaganda y saturación

La lógica es simple: no siempre es necesario mentir; muchas veces basta con saturar.

La proliferación de fake news, videos fuera de contexto, imágenes de videojuegos presentadas como combates reales o material de guerras pasadas reutilizado como si fuera actual se ha convertido en una herramienta cotidiana.

Durante la guerra de Ucrania esto se vio con claridad: clips del videojuego Arma 3 circularon en redes sociales mostrando supuestos ataques aéreos nocturnos que, en realidad, eran escenas de simulación militar. Durante días, millones de personas compartieron ese material creyendo que se trataba de combates reales.

Algo similar ocurrió recientemente en la escalada en Medio Oriente: videos que afirmaban mostrar ataques iraníes contra bases estadounidenses o ciudades israelíes resultaron ser grabaciones antiguas o provenientes de hechos completamente distintos. Uno de los clips virales correspondía en realidad a un incendio ocurrido en un avión en el aeropuerto de Denver en 2025, mientras que otro video difundido como “bombardeo reciente” provenía de una explosión en un depósito militar registrada años antes en Europa del Este.

Los especialistas en verificación digital advierten que este fenómeno no es casual. Según el investigador en desinformación Marc Owen Jones, las campañas de desinformación en conflictos armados buscan inundar el espacio informativo con versiones contradictorias para dificultar que la sociedad identifique qué es real y qué no.

El objetivo de esta saturación informativa no siempre es convencer. Muchas veces es generar confusión. Cuando todo parece posible, la verdad pierde peso.

El nuevo actor: la inteligencia artificial

Pero en esta guerra mediática apareció un protagonista que cambia las reglas del juego: la inteligencia artificial.

Herramientas capaces de generar imágenes hiperrealistas, voces falsas o videos manipulados permiten fabricar escenas que nunca ocurrieron. La diferencia con el pasado es brutal: antes la propaganda necesitaba estudios, técnicos y tiempo; hoy puede producirse en minutos.

Durante las últimas semanas circularon en redes sociales videos creados con inteligencia artificial que mostraban ciudades completamente destruidas por misiles, aeropuertos en llamas o flotas navales hundidas, escenas que jamás habían ocurrido pero que lograron millones de visualizaciones antes de ser desmentidas.

La IA no solo crea contenidos. También se convirtió en árbitro de la verdad.

Millones de personas recurren a sistemas de inteligencia artificial para preguntar si un video es real o si una noticia es falsa. Paradójicamente, la misma tecnología que puede fabricar una mentira sofisticada se transforma luego en la herramienta que intenta verificarla.

Estamos frente a un nuevo ecosistema informativo, donde la verificación ya no pasa solo por periodistas o especialistas, sino por algoritmos.

El investigador del Atlantic Council, Ben Nimmo, sostiene que la inteligencia artificial está creando una nueva fase de la propaganda de guerra, donde la velocidad de producción de contenido falso supera muchas veces la capacidad de verificación.

La batalla por las emociones

La guerra psicológica moderna no apunta únicamente a la información. Apunta a las emociones.

Las imágenes de destrucción, los relatos dramáticos, las acusaciones cruzadas y los mensajes diseñados para provocar indignación buscan influir en la opinión pública mundial. Ganar simpatía internacional puede ser tan importante como ganar una batalla militar.

En este sentido, los conflictos actuales se parecen más a una campaña política global que a una guerra tradicional.

Los gobiernos lo saben: quien controla el relato, controla parte del resultado.

En un mundo hiperconectado, el ciudadano común se convirtió en espectador permanente del conflicto. Pero también en un eslabón de la cadena de difusión.

Cada vez que compartimos un video sin verificar, cada vez que replicamos una noticia sin contexto, participamos —consciente o inconscientemente— de esa guerra informativa.

Por eso, en la era de los algoritmos, la prudencia informativa se vuelve una forma de responsabilidad cívica.

Porque mientras los misiles caen sobre territorios concretos, la otra guerra —la de las percepciones— se libra en nuestras pantallas.

Y en ese campo de batalla, la verdad sigue siendo el objetivo más disputado.

Cinco reglas simples para detectar videos falsos de guerra

  1. Desconfiar de los videos nocturnos con baja calidad. Muchos clips falsos provienen de videojuegos o simuladores militares donde la oscuridad oculta detalles.
  2. Buscar el video en Google o YouTube. Muchas veces el material viral es antiguo y corresponde a otro conflicto o incluso a un accidente civil.
  3. Revisar si aparecen logos de videojuegos o interfaces digitales. En varios videos virales se identificaron elementos propios de simuladores militares.
  4. Analizar la fuente original. Si el video proviene de cuentas anónimas, recién creadas o sin historial informativo, es probable que sea desinformación.
  5. Esperar la verificación de medios o especialistas. En conflictos armados, los contenidos falsos suelen circular horas antes de ser desmentidos por verificadores y periodistas