La batalla cultural pendiente: cerrar el diagnóstico, abrir el camino

Esta columna se escribió y reescribió varias veces. No por indecisión teórica ni por falta de ideas, sino porque fue una de esas semanas en las que la realidad se empeña en desbordar cualquier esquema previo. Hubo que cambiar el enfoque, volver a consultar a ChatGPT, corregir el tono, ajustar ejemplos. Una semana que pasó de todo.

Y, paradójicamente, esa dificultad terminó confirmando el punto central de esta trilogía: la política hoy se juega, cada vez más, en el terreno del sentido, de la emoción y del clima cultural.

Mientras se discutía si la batalla cultural era una exageración o un eslogan importado, la escena pública volvió a ofrecer ejemplos concretos. En un teatro, el conflicto alrededor del espectáculo de Fátima Florez derivó en una polémica que poco tuvo que ver con el arte y mucho con la cancelación, la burla, el agravio y la lógica de amigos y enemigos. Al mismo tiempo, en la Patagonia, los incendios arrasaban miles de hectáreas y comunidades enteras, pero el debate se deslizaba rápidamente hacia la sospecha, la grieta y la utilización política del desastre, antes que hacia la responsabilidad colectiva y la acción estatal.

Nada de esto es anecdótico. Son expresiones distintas de una misma disputa: qué se considera legítimo, qué se banaliza, qué se invisibiliza y qué se amplifica. Cultura no es solo un debate académico ni una guerra de consignas en redes sociales; es la forma en que una sociedad procesa el conflicto, el dolor, el humor, la tragedia y la desigualdad.

Tres columnas, entonces, un mismo interrogante: cómo vuelve el peronismo a disputar el sentido común en una Argentina donde la política ya no se define únicamente en la gestión, sino en la capacidad de interpretar el tiempo que toca vivir. Esta tercera entrega busca cerrar ese recorrido y, al mismo tiempo, abrir un camino posible. No desde la nostalgia ni desde la reacción, sino desde la necesidad de traducir principios históricos en propuestas culturales, comprensibles y actuales.

El primer eje es la justicia social reinterpretada. Hoy no alcanza con hablar de redistribución en abstracto. Un ejemplo concreto es el acceso a la vivienda. Para amplios sectores jóvenes y trabajadores, alquilar se volvió una trampa sin salida.La propuesta es colocar la vivienda como política cultural y no solo habitacional, impulsando créditos accesibles para primeras viviendas, programas de alquiler protegido y una narrativa que vuelva a ligar hogar con dignidad, proyecto y arraigo.

El segundo eje es la libertad como valor compartido. Un ejemplo claro es la educación. Defender la educación pública no es limitar la libertad individual, sino ampliarla.

La propuesta es disputar la idea de libertad desde la igualdad de oportunidades reales: formación técnica, digital y laboral vinculada al desarrollo productivo, mostrando que el Estado puede ser garante de autonomía y no su obstáculo.

El tercer eje es el trabajo resignificado. El ejemplo más evidente es la economía de plataformas, donde miles de trabajadores viven sin derechos ni estabilidad.

La propuesta es reconocer estas nuevas formas de empleo y avanzar en marcos de protección social flexibles, capacitación permanente y representación colectiva moderna, sin negar la innovación ni resignar derechos.El cuarto eje es la comunidad en tiempos de individualismo. Un ejemplo concreto es la seguridad. Frente a discursos que proponen soluciones exclusivamente punitivas, el peronismo puede volver a plantear la seguridad como una construcción comunitaria.

La propuesta es integrar prevención, urbanismo, presencia estatal y organización barrial, recuperando la idea de comunidad como red de cuidado y no como amenaza.El quinto eje es el lenguaje y la forma. Un ejemplo evidente es la comunicación política en redes sociales. No alcanzan los comunicados extensos ni los discursos cerrados.

La propuesta es construir una comunicación empática, directa y cotidiana, capaz de hablar de problemas reales con palabras simples, sin perder profundidad, entendiendo que hoy también se gobierna desde el sentido que circula.

Estos cinco ejes no constituyen un programa cerrado. Son un punto de partida para reconstruir una narrativa peronista con densidad cultural, capaz de volver a representar un pensar colectivo hoy disperso.

Las tres columnas no buscan sentenciar verdades, sino abrir una discusión urgente. Porque cuando una fuerza política deja de interpretar su tiempo, otros lo hacen por ella. Y en política, perder la batalla cultural es empezar a perder todas las demás.La pregunta final queda abierta: ¿está el peronismo dispuesto a dar esta discusión en serio, con ideas claras, ejemplos concretos y propuestas acordes al presente? De esa respuesta dependerá mucho más que una elección.

Heber Sirerol

Politólogo

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