por Heber Sirerol, Politólogo.
El peronismo riojano empezó a discutir mucho antes de tiempo quién será el próximo candidato a gobernador de la provincia. Y no es casualidad. El gobernador Ricardo Quintela transita su último mandato sin posibilidad de reelección y, al mismo tiempo, sostiene una clara proyección nacional dentro del Partido Justicialista. Ese doble escenario abrió inevitablemente la carrera sucesoria dentro del espacio político que hoy conduce.

En la práctica, el oficialismo provincial ya vive un proceso de especulación política permanente. Funcionarios, intendentes, legisladores y dirigentes comenzaron a posicionarse, algunos públicamente y otros en silencio, con la expectativa de convertirse en los herederos del poder provincial en 2027.
La lista de aspirantes crece semana a semana. La primera anotada es la vicegobernadora Teresita Madera, quien además cuenta con la ventaja institucional de ejercer un mandato de cuatro años junto a Quintela.

También aparece en la conversación política la senadora nacional Florencia López, cuyo deseo de competir por la gobernación es mencionado desde hace tiempo dentro del peronismo riojano, aunque todavía no haya oficializado públicamente sus intenciones. A ella se suma el intendente de Chilecito, Rodrigo Brizuela y Doria, junto a otros jefes comunales que entienden que el peso territorial puede transformarse en una plataforma competitiva.

En esa misma discusión aparecen nombres como Gabriela Pedrali, Armando Molina y una extensa nómina de dirigentes que, aunque todavía no hayan lanzado formalmente sus candidaturas, trabajan para construir volumen político de cara al recambio provincial. Incluso distintos medios locales ya describen al PJ riojano como un espacio donde “todos quieren ser», según riojapolitica.com.ar.

Lo cierto es que Quintela decidió adelantar la discusión. La convocatoria a elecciones internas partidarias para octubre de este año aceleró los tiempos políticos y obligó a todos los sectores a comenzar a ordenar sus estrategias.
La lectura dentro del oficialismo es clara: quien quiera discutir poder dentro del peronismo deberá hacerlo primero dentro del PJ. Y ahí aparece uno de los grandes debates que atraviesan hoy al quintelismo: cómo elegir al próximo candidato a gobernador sin romper la unidad del espacio.
Primera opción: el consenso
La alternativa que hoy muchos consideran más conveniente es la construcción de una fórmula de unidad. Un consenso amplio que permita evitar heridas internas y presentar al candidato más competitivo posible para la elección de 2027.
Es, probablemente, la salida menos traumática. La que menos desgaste produciría y la que le permitiría al gobernador mantener el control político del proceso hasta el último momento. En ese escenario, Quintela se convertiría en el gran elector del peronismo riojano, administrando los tiempos, equilibrando ambiciones y definiendo quién reúne las mejores condiciones para garantizar continuidad política.
Pero el problema del consenso es que requiere resignaciones. Y hoy sobran aspiraciones dentro del oficialismo.
Segunda opción: una gran interna partidaria
La otra alternativa es una competencia abierta dentro del PJ entre todos aquellos dirigentes que pretendan heredar el poder provincial.
En términos democráticos, muchos consideran que sería el mecanismo más legítimo. Sin embargo, también es el escenario que genera mayores sospechas dentro de la dirigencia.
La principal duda gira alrededor de una pregunta inevitable: ¿puede existir igualdad real de condiciones cuando el aparato del Estado sigue siendo administrado por un gobernador con fuerte peso político?
Detrás de esa discusión aparecen interrogantes sobre el reparto de recursos, el respaldo territorial, la estructura partidaria y el acompañamiento institucional que podría recibir cada candidato. Nadie desconoce que Quintela conserva hoy el manejo político y financiero del oficialismo provincial, y eso convierte cualquier interna en una disputa extremadamente sensible.
No es casual que distintos sectores del PJ teman que una competencia descontrolada termine dejando demasiados heridos en el camino.
Tercera opción: la Ley de Lemas
La tercera posibilidad —que empezó a circular con fuerza en algunos sectores del peronismo— es avanzar hacia un sistema de Ley de Lemas.
La Ley de Lemas es un sistema electoral que se conoce oficialmente como “sistema de doble voto simultáneo y acumulativo”. Dentro de esta modalidad electoral, cada partido político constituye un lema y todas las fracciones internas de ese partido pueden presentarse a elecciones con candidatos propios, conformando los denominados sublemas.
El total de votos que obtiene cada partido político surge de la suma de todos los votos conseguidos por sus sublemas. Ese resultado final determina la cantidad de cargos que obtiene el lema. En la práctica, esto implica que quienes votan a un sublema que no resulta ganador, igualmente terminan aportando votos al candidato triunfante de ese mismo espacio político. (Ámbito Financiero)
En términos políticos, es un sistema pensado para contener internas sin necesidad de fracturar partidos. Cada dirigente puede competir con identidad propia, pero sin romper el armado general.
En La Rioja, algunos dirigentes entienden que ese mecanismo podría servir para ordenar la disputa sucesoria y evitar rupturas dentro del PJ. Incluso medios locales ya mencionan que el debate comenzó a instalarse dentro del oficialismo provincial y que el ex gobernador Luis Beder Herrera habría planteado públicamente esa posibilidad. (riojapolitica.com.ar)
Pero la experiencia demuestra que la Ley de Lemas no garantiza triunfos.
El caso más emblemático es San Juan. Allí, el peronismo utilizó ese esquema para contener las diferencias entre Sergio Uñac y José Luis Gioja. La herramienta permitió ordenar la interna y evitar una fractura mayor dentro del oficialismo provincial. Sin embargo, nada de eso alcanzó para conservar el poder: el peronismo terminó perdiendo la gobernación.
Y ahí aparece una advertencia central para el PJ riojano: resolver la pelea interna no necesariamente implica resolver el problema electoral.
El poder hasta el último día
Mientras tanto, Quintela parece decidido a sostener el control político total hasta el final de su mandato.
La lectura dentro del oficialismo es clara: quien quiera discutir poder dentro del peronismo deberá hacerlo primero dentro del PJ. Y ahí aparece uno de los grandes debates que atraviesan hoy al quintelismo: cómo elegir al próximo candidato a gobernador sin romper la unidad del espacio.
Esa decisión explica también por qué pierden fuerza algunas especulaciones sobre un eventual adelantamiento electoral. Dentro del oficialismo entienden que adelantar la elección implicaría convivir durante meses con un gobernador electo, generando un inevitable proceso de transición y pérdida de autoridad política.

El gobernador no parece dispuesto a eso.
Por el contrario, todo indica que buscará mantener el manejo del poder, de los recursos y de las reglas de juego hasta el último día de gestión. Y en esa lógica, la discusión sucesoria no solamente pasa por quién será el candidato, sino también por quién tendrá la capacidad de administrar el proceso político sin fracturar al peronismo riojano.
Porque, en definitiva, el gran desafío del oficialismo no será únicamente elegir un nombre. Será lograr que la pelea por la sucesión no termine debilitando al espacio que gobierna la provincia desde hace décadas.