¿El cuadrado de barro?

Por Heber Sirerol, politólogo.

Durante meses nos explicaron que la Argentina era gobernada por un “triángulo de hierro”. Tres vértices inquebrantables sostenían el poder libertario: Javier Milei, Karina Milei y Santiago Caputo. Una estructura compacta, eficiente y disciplinada que parecía inmune a las enfermedades tradicionales de la política.

Pero algo cambió. El triángulo comenzó a deformarse. Y cuando una figura perfecta empieza a incorporar nuevos vértices, deja de ser un triángulo. Se transforma en otra cosa. En este caso, en un cuadrado de barro.

Porque al esquema original, aparentemente, se le sumó un actor con peso propio: Martín Menem. Ya no se trata solamente del Presidente, su hermana y el estratega de las sombras Santiago Caputo. Las disputas por espacios de poder, candidaturas, armado territorial y control de la narrativa digital muestran que el presidente de la Cámara baja dejó de ser un actor secundario para convertirse en un protagonista central.

La pelea dejó de ser un secreto de pasillo. Se hizo pública.

Según reconstruyeron distintos medios, el conflicto escaló alrededor de la cuenta “Rufus”, señalada en la interna libertaria como uno de los instrumentos utilizados para atacar a dirigentes del propio oficialismo. La discusión derivó en acusaciones cruzadas entre el entorno de Santiago Caputo y el de Martín Menem, obligando incluso al Presidente a intervenir para intentar bajar la tensión.

Lo llamativo es que la disputa ocurre en el peor momento posible.

Mientras millones de argentinos siguen haciendo cuentas para llegar a fin de mes, la agenda pública comenzó a llenarse de operaciones, cuentas anónimas, reproches internos y pases de factura.

La política tiene una regla básica: cuando el gobierno habla de sus internas, deja de hablar de los problemas de la gente.

Y cuando la sociedad percibe eso, la confianza empieza a erosionarse, no porque la oposición gane terreno, sino porque el oficialismo comienza a desgastarse solo.

Como escribió recientemente un análisis político, el principal daño para el Gobierno ya no proviene de sus adversarios sino del “fuego amigo” que se desarrolla dentro de sus propias filas.

La situación se vuelve más delicada porque ocurre paralelamente a los cuestionamientos que rodean a Manuel Adorni. Más allá de la veracidad o no de las denuncias y acusaciones políticas, el problema para el Gobierno es que la discusión pública dejó de centrarse exclusivamente en la baja de la inflación o el equilibrio fiscal y comenzó a desplazarse hacia los conflictos internos.

el principal daño para el Gobierno ya no proviene de sus adversarios sino del “fuego amigo” que se desarrolla dentro de sus propias filas.

Los gobiernos suelen resistir los ataques de la oposición. Lo que pocas veces resisten son las guerras civiles. La historia política argentina está llena de ejemplos.

  • Perón sufrió los enfrentamientos internos del movimiento.
  • Alfonsín convivió con tensiones entre sectores del radicalismo.
  • Menem tuvo sus propias disputas de poder.
  • Kirchner y Cristina enfrentaron conflictos con gobernadores, intendentes y dirigentes propios.

Y aquí aparece una enseñanza para La Rioja.

Porque nadie debería creer que las internas son patrimonio exclusivo de Buenos Aires.

También existen en la política riojana, las hay en el peronismo, en el radicalismo y en cada espacio con vocación de poder.

La diferencia está en cómo se gestionan.

Cuando las diferencias se procesan políticamente, fortalecen. pero, cuando se convierten en operaciones, egos y pases de factura, debilitan.

El error no es tener una internan el error es permitir que la interna se convierta en la agenda principal.

Porque mientras los dirigentes se pelean por quién manda, la sociedad sigue esperando respuestas.

Y cuando la política deja de resolver problemas para dedicarse a resolver sus propias disputas, el barro empieza a tragarse cualquier construcción.

Incluso a los supuestos triángulos de hierro, sobre todo cuando ya dejaron de ser triángulos y se transformaron en un cuadrado de barro.