El círculo rojo: ¿cambio de modelo o cambio de presidente?

Por Heber Sirerol – Politólogo

Hay una pregunta que empezó a aparecer en los lugares donde se mueve el poder real de la Argentina. En oficinas empresariales, consultoras, medios de comunicación y reuniones reservadas donde se analiza el futuro político del país.

La pregunta es sencilla: ¿qué pasa después de Javier Milei?

Todavía falta tiempo para las próximas elecciones presidenciales, pero cuando la política Argentina entra en una etapa de incertidumbre, los sectores de poder suelen empezar a mirar alternativas mucho antes que el resto.

No sería la primera vez.

Pasó con De la Rúa cuando la crisis se volvió inmanejable. Pasó con Macri cuando comenzó el desgaste de su gestión. Y todo indica que algunos ya empezaron a hacerse la misma pregunta respecto de Milei.

Ahora bien, detrás de esa discusión aparece otra cuestión mucho más interesante.

¿Están pensando en cambiar al presidente o están pensando en cambiar el modelo económico?

Porque son dos cosas muy distintas.

Lo que se observa hasta ahora es que las dudas parecen estar más vinculadas a la capacidad política del Gobierno que a las medidas económicas que viene aplicando.

En otras palabras, hay sectores que empiezan a preguntarse si Milei puede sostener el rumbo que prometió, pero no necesariamente si ese rumbo es el correcto.

En las últimas semanas comenzaron a circular distintos nombres como posibles alternativas dentro del mismo espacio político. Patricia Bullrich aparece cada vez más visible. Mauricio Macri intenta recuperar protagonismo. Incluso algunos medios nacionales ya empezaron a instalar escenarios para 2027 donde Axel Kicillof aparece como una figura competitiva.

Nada de eso ocurre por casualidad.

Cuando una herramienta política comienza a mostrar signos de desgaste, quienes tienen intereses en juego empiezan a buscar otra herramienta.

Pero la herramienta nunca es el objetivo.

El objetivo es preservar determinadas reglas de funcionamiento.

Y ahí está el punto central.

Las críticas que llegan desde algunos sectores empresariales, financieros o mediáticos no parecen cuestionar el programa económico. Lo que cuestionan es si Milei tiene la fuerza política suficiente para sostenerlo.

Por eso la discusión no gira alrededor de las políticas de fondo, sino alrededor de quién puede administrarlas mejor.

Mientras tanto, la realidad cotidiana sigue golpeando a buena parte de los argentinos.

Los salarios corren detrás de los precios. El consumo continúa deprimido. Muchas pymes sobreviven con dificultades. Cada vez más familias organizan su economía para llegar a fin de mes entre servicios, alimentos y deudas.

Y esa situación no es producto del azar. Responde a una orientación económica concreta que tiene ganadores y perdedores.

Por eso, cuando se habla de un posible reemplazo de Milei, conviene hacerse una pregunta más profunda.

Si cambia el presidente, ¿cambia también el modelo?

La experiencia argentina muestra que muchas veces los nombres cambian, pero las políticas de fondo permanecen.

Cambian los discursos.

Cambian los liderazgos.

Cambian las alianzas.

Pero las decisiones económicas estructurales suelen seguir un camino bastante parecido.

Por eso no sería extraño que algunos sectores del poder económico estén pensando en nuevos nombres sin tener ninguna intención de modificar las reglas del juego.

Al fin y al cabo, lo importante para ellos no es quién ocupa el sillón de Rivadavia.

Lo importante es que el rumbo general no se altere.

En ese contexto, el desafío para la oposición no pasa solamente por encontrar un candidato competitivo.

Pasa por ofrecer una alternativa de país.

Porque si la discusión termina reducida a quién administra el mismo modelo, el resultado será apenas un cambio de nombres.

Y los problemas de fondo seguirán donde están.

Por eso la pregunta que debería hacerse la sociedad argentina no es solamente quién viene después de Milei.

La pregunta es mucho más importante.

¿Queremos otro presidente para el mismo modelo?

¿O queremos discutir un modelo distinto para la Argentina?

Ahí está la verdadera disputa que se viene.

No se trata únicamente de quién gobierna.

Se trata, como siempre, de para quién se gobierna.

Y esa reflexión también vale para La Rioja.

Porque así como a nivel nacional se debate si el problema es el modelo o quienes lo ejecutan, en la provincia también aparecen interrogantes que merecen una respuesta.

¿El peronismo riojano debe seguir sosteniendo el mismo esquema político y de gestión que lo llevó a gobernar durante décadas o necesita incorporar nuevas demandas, nuevas agendas y nuevas formas de representación?

¿La sociedad riojana se está alejando del modelo de gobierno o de las personas que hoy lo encarnan?

Son preguntas incómodas, pero necesarias.

Y quizás allí esté una de las claves para entender lo que viene.

Porque las sociedades cambian, las demandas evolucionan y ningún espacio político puede dar por garantizada su legitimidad para siempre.

La discusión de fondo, en La Rioja como en la Argentina, no debería limitarse a los nombres.

Debería animarse a debatir proyectos, respuestas y futuro.

Porque tarde o temprano, esas preguntas también buscarán una respuesta.

Ampliaremos…..