CUANDO LOS DATOS DEJAN DE SER SOLO NÚMEROS

En los últimos días, el INDEC volvió a ocupar un lugar central en la conversación pública.

No por una discusión técnica aislada ni por un debate académico, sino porque, una vez más, quedó en evidencia algo que atraviesa mucho más que a un organismo: la importancia que tienen los datos en la confianza de un país.

En la Argentina, una cifra nunca es solo una cifra. Un índice impacta en salarios, jubilaciones, alquileres, contratos, bonos, decisiones empresariales y expectativas sociales. Por eso, cuando se discute un dato oficial, lo que en realidad se pone en juego no es únicamente su exactitud, sino la credibilidad del sistema que lo produce.

Vivimos en una época donde la realidad se expresa en porcentajes, series estadísticas y proyecciones. Los datos dejaron de ser una herramienta secundaria para convertirse en uno de los principales lenguajes del poder.

Para qué sirven los datos

Las estadísticas cumplen una función esencial: ordenar la realidad para poder intervenir sobre ella.El Estado las necesita para planificar políticas públicas, asignar recursos y evaluar resultados. El sector privado las utiliza para invertir, fijar precios, medir riesgos y proyectar crecimiento.La ciudadanía, para comprender si avanza, retrocede o permanece estancada.Sin datos confiables no hay diagnóstico.Sin diagnóstico no hay planificación.Y sin planificación, no hay desarrollo posible.

Por eso, la discusión sobre las estadísticas nunca es neutra. No porque el dato sea ideológico, sino porque sus consecuencias lo son.

Datos y confianza: un vínculo inseparable

Existe un paralelismo inevitable entre la confianza económica y la confianza estadística. Así como una moneda necesita respaldo para ser aceptada, las cifras oficiales necesitan credibilidad institucional para cumplir su función.Un país puede producir datos técnicamente correctos, pero si esos datos no son creíbles para la sociedad, para los mercados o para los propios actores políticos, dejan de ordenar la realidad y pasan a ser un motivo más de disputa.

La confianza no se decreta.Se construye con continuidad, profesionalismo, autonomía técnica y reglas claras.Cuando esa confianza se erosiona, el problema no es solo metodológico: es político, económico y social.

Gobernar también es administrar información

En el siglo XXI, los Estados no solo compiten por atraer inversiones o mejorar sus exportaciones. Compiten también por calidad estadística, transparencia y capacidad de análisis.Vivimos en la era del big data, la inteligencia artificial y la información en tiempo real. Los países que gestionan bien sus datos toman mejores decisiones, anticipan problemas y reducen márgenes de error. Los que no, gobiernan a ciegas o, peor aún, sobre percepciones fragmentadas.Hoy, gobernar también es administrar información.

Y administrar información implica responsabilidad institucional.

El riesgo de la información privilegiada

Existe, además, un aspecto sensible que suele quedar en segundo plano: la asimetría en el acceso a los datos. Cuando la información deja de ser pública, equitativa y transparente, aparece un riesgo claro: el uso privilegiado del conocimiento para beneficio personal o sectorial.El problema no es el dato en sí, sino quién lo tiene antes, cómo lo utiliza y con qué objetivos. En sociedades complejas, donde una mínima variación estadística puede generar enormes movimientos económicos, la gestión responsable de la información se vuelve una cuestión ética. Más allá de un organismoLo sucedido con el INDEC permite abrir una discusión más amplia y necesaria. No se trata solo de un instituto, ni de un indicador puntual. Se trata de qué lugar le damos al conocimiento en la vida pública.Un país que desconfía de sus estadísticas termina discutiendo todo, incluso lo evidente.Un país que cuida sus datos cuida también su futuro.

Fortalecer la gestión de la información no es una discusión técnica ni ideológica. Es una condición básica para reconstruir confianza, mejorar decisiones y sostener una convivencia democrática basada en hechos compartidos.Porque, en definitiva, en el siglo XXI los datos no solo describen la realidad: la construyen.

Lic. Heber Sirerol Politólogo Noticas fans