Acuerdo UE-MERCOSUR: una oportunidad perdida para la Argentina de Milei??

El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea promete abrir mercados y atraer inversiones. Pero su impacto real dependerá de una condición clave: que Argentina no profundice un proceso de desindustrialización que limite su capacidad de producir, competir y aprovechar la apertura.

Por Heber Sirerol, politólogoEl avance del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea marca uno de los hitos más relevantes de la política comercial argentina de las últimas décadas. Tras más de 25 años de negociaciones, el entendimiento promete acceso preferencial a un mercado de más de 800 millones de consumidores, reducción de aranceles, previsibilidad jurídica y un marco estable para el comercio y la inversión. Sin embargo, el impacto real del acuerdo no depende únicamente de su firma, sino del contexto político, económico y productivo en el que se implemente.

“El acuerdo Mercosur–UE no es bueno ni malo en sí mismo: su resultado dependerá del país productivo que Argentina decida construir.”

En términos formales, el Acuerdo de Asociación Mercosur–UE contempla la eliminación progresiva de más del 90% de los aranceles al comercio bilateral, mecanismos de cooperación regulatoria, compromisos ambientales, protección de indicaciones geográficas y cláusulas específicas para pymes. La Unión Europea busca asegurar abastecimiento de alimentos y materias primas, mientras que el Mercosur aspira a ampliar exportaciones y atraer inversiones. La pregunta central es si Argentina está hoy en condiciones de aprovechar esa oportunidad.

Aquí aparece un elemento clave que suele omitirse en el debate público: el proceso de desindustrialización que atraviesa la Argentina. Las actuales políticas económicas del gobierno, caracterizadas por una apertura comercial acelerada, la reducción del rol del Estado en el financiamiento productivo, el ajuste sobre la obra pública y la ausencia de una política industrial activa, están debilitando la capacidad local de producir, escalar y competir.

La experiencia histórica argentina es contundente: la apertura sin estrategia industrial suele derivar en reprimarización de la economía, pérdida de empleo industrial y mayor dependencia externa. La Unión Europea llega a este acuerdo con industrias consolidadas, financiamiento barato y altos niveles de productividad. Argentina, en cambio, enfrenta costos logísticos elevados, crédito escaso y pymes debilitadas.Para las pymes argentinas, el acuerdo ofrece una promesa ambivalente. Las vinculadas a la economía del conocimiento, servicios profesionales y alimentos con valor agregado pueden encontrar oportunidades reales. Pero miles de pequeñas y medianas empresas industriales orientadas al mercado interno corren el riesgo de quedar expuestas a una competencia desigual.

En paralelo, el tablero geopolítico global agrega complejidad. Estados Unidos se distancia comercialmente de la Unión Europea y prioriza acuerdos selectivos, lo que obliga a Argentina a diversificar vínculos sin resignar autonomía productiva.Insertarse al mundo no debe confundirse con desproteger la industria nacional. El acuerdo Mercosur–UE puede ser una herramienta valiosa solo si se integra a un proyecto de desarrollo que fortalezca la producción, las pymes y el empleo. Sin esa base, la apertura corre el riesgo de transformarse en una apertura sin red.