¿Abrirse al mundo o entregarse?

Opinion: Lic. Juan M, del Moral, Politologo

La discusión por la venta de tierras rurales a extranjeros dejó algo más que una negociación frustrada en el Senado. Puso sobre la mesa dos maneras muy distintas de pensar la Argentina. De un lado, Javier Milei y su apuesta por abrir la economía y reducir las restricciones. Del otro, Ricardo Quintela que, desde La Rioja, reivindican el papel del Estado y la soberanía sobre los recursos. En el medio hay una palabra que, cada vez que aparece, nos obliga a mirar un poco más allá de la coyuntura: soberanía.

Al momento de discutir cuánto puede comprar un extranjero de nuestro territorio, casi al mismo tiempo, estamos volviendo a hablar de Malvinas.

El fútbol quiza tuvo mucho que ver. El partido de la selección argentina contra Inglaterra volvió a poner sobre la mesa una historia que en nuestro país nunca terminó de cerrarse. Aparecieron las canciones, los recuerdos, los «pibes de Malvinas». Y apareció, otra vez, la palabra soberanía.

No creo que haya que caer en la tentación de decir que un partido de fútbol modifica el voto de un senador, pero es verdad tambien, tampoco son ajenos de los momentos y los humores sociales, escuchan lo que se discute en la calle, leen los medios, reciben indicaciones de sus provincias y saben perfectamente cuándo un tema toca una fibra sensible. Y hay pocas fibras más sensibles en la Argentina que el territorio.

¿Qué estamos discutiendo cuando hablamos de tierra?

Conviene empezar por una precisión, los extranjeros actualmente pueden comprar tierras rurales en la Argentina. La Ley 26.737, sancionada en 2011, no cerró esa posibilidad. Estableció límites. El más conocido es el del 15% de titularidad extranjera sobre las tierras rurales, junto con restricciones vinculadas a la nacionalidad, la superficie y determinadas zonas estratégicas.

El proyecto que impulsó el Gobierno de Javier Milei buscaba flexibilizar ese esquema. En la negociación parlamentaria que no llegó a buen puerto, incluso apareció una propuesta para llevar el límite al 25%.

El oficialismo tenía una mayoría demasiado ajustada como para arriesgar todo el proyecto por un capítulo que generaba resistencia incluso entre algunos de sus propios aliados por lo que terminó retirándolo y es ahí donde hay una señal política que vale la pena mirar con atención. La Argentina puede estar cambiando muchas de sus reglas económicas. Pero hay temas donde la discusión no se resuelve simplemente diciendo que “el mercado decide”.

La tierra es uno de ellos.

Porque una hectárea puede ser un activo económico. Pero también puede estar al lado de un río, de una frontera, de un recurso estratégico o formar parte de una región entera cuya vida económica depende de ella.

No es lo mismo comprar una empresa que comprar miles de hectáreas.Y no porque el extranjero sea extranjero. Sino porque el territorio es territorio.

Milei tiene una respuesta. Y es coherente con su proyecto

Hay que reconocer algo: Milei nunca escondió lo que quiere hacer.

Su proyecto político parte de una idea bastante clara. La Argentina necesita recuperar la confianza, atraer inversiones, reducir regulaciones y dejar que el capital privado vuelva a tener un papel central en la economía. Desde esa mirada, ¿por qué habría que impedir que un extranjero compre tierra si cumple la ley, invierte, produce y genera empleo? Es una pregunta legítima y el peronismo no deviera ignorarla

Argentina necesita muchísima inversión. Necesita producir más, necesita infraestructura, necesita tecnología. Necesita capital. El problema aparece cuando transformamos esa necesidad en una especie de principio absoluto: si llega inversión, entonces cualquier condición que la acompañe debe ser aceptada. Una cosa es abrirse al mundo, otra es entregar las herramientas con las que un país decide cómo quiere desarrollarse.

Entonces aparece Quintela

En este punto, Ricardo Quintela aparece como un contrapunto casi inevitable, el gobernador está intentando decir algo que el peronismo necesita volver a discutir: qué hacemos con el Estado después de Milei. Porque no alcanza con decir “volveremos”, hay que explicar para qué.

Y en sus últimas declaraciones Quintela fue bastante directo. Advirtió a los inversores que no se entusiasmaran demasiado con las medidas del actual Gobierno porque, si el peronismo volvía al poder, iba a revisar lo que se había hecho y agregó una frase que generó una fuerte polémica:

“Lo que sea necesario nacionalizar, lo vamos a nacionalizar. Lo que sea necesario expropiar, vamos a expropiar”.

La frase puede gustar o puede generar rechazo, pero sería un error ignorarla. Porque muestra que el gobernador de La Rioja está intentando ocupar un lugar político muy definido frente a un Presidente que propone retirar al Estado de buena parte de la economía, Ricardo Quintela plantea exactamente lo contrario: un Estado que conserve capacidad de decisión y que no tenga miedo de intervenir cuando considere que existe un interés nacional en juego.

Porque eso es peronismo, o al menos, es una de las tradiciones más fuertes dentro del peronismo.

Desde La Rioja se ve distinto

Hay algo que desde Buenos Aires muchas veces se pierde y es que las provincias del interior no miran la discusión sobre recursos naturales de la misma manera que quienes viven a cientos o miles de kilómetros de esos recursos, en La Rioja sabemos lo que significa discutir minería, sabemos lo que significa hablar de desarrollo y, al mismo tiempo, preguntarnos quién se queda con la riqueza que genera ese desarrollo.

Por eso no es de extrañar que una de las voces más fuertes contra la lógica de “abrir todo como sea” venga justamente desde una provincia como la nuestra. Porque el federalismo no puede reducirse a reclamar más fondos a la Nación, sino que también tiene que significar capacidad para decidir qué modelo productivo queremos.

Y ahí Quintela tiene una discusión interesante para dar, no solamente con Milei sino con el propio peronismo.

Porque si el peronismo quiere volver a ser una alternativa nacional, necesita demostrar que puede defender los recursos del pais sin espantar la inversión, proteger el territorio sin cerrar la economía y fortalecer al Estado sin convertirlo en una máquina burocrática. Ese equilibrio es difícil pero es precisamente para eso que sirve la política.

No se trata de echar al extranjero

Una mirada peronista sobre la tierra no debería transformarse en una mirada xenófoba. El problema no es que un inversor sea estadounidense, chino, brasileño, español o de cualquier otra nacionalidad. El problema es qué compra, cuánto compra, dónde lo compra, qué hace con eso y qué capacidad conserva el Estado argentino para establecer reglas.

Si una inversión extranjera genera trabajo, incorpora tecnología, agrega valor y fortalece una economía regional, bienvenida sea. Pero si la inversión consiste simplemente en concentrar enormes extensiones de tierra y recursos estratégicos bajo control de unos pocos actores, el Estado tiene derecho a preguntarse si eso es realmente desarrollo.

No todo lo que genera rentabilidad genera desarrollo nacional, esta es una discusión que el peronismo debería recuperar sin miedo.

La palabra que vuelve: soberanía

Por eso Malvinas aparece otra vez, no como una excusa para mezclar cualquier cosa. Sino porque nos ayuda a entender que la soberanía no es únicamente una cuestión diplomática y no se trata solamente de reclamar ante organismos internacionales que las Malvinas son argentinas.

La soberanía también tiene una dimensión económica.

¿Quién controla nuestros recursos?

¿Quién decide cómo se explotan?

¿Quién establece las condiciones?

¿Quién se beneficia?

¿Quién tiene la última palabra cuando aparece un conflicto entre la rentabilidad privada y el interés público?

Son preguntas profundamente políticas que interpelan al peronismo cuyas banderas de independencia económica, buscan justamente la soberanía política para de esa manera poder llegar a la justicia social. Si algo atravesó históricamente al peronismo fue la idea de que la riqueza de una Nación no puede medirse solamente por cuánto dinero produce, sino también por y para quién se produce y quién tiene capacidad de decidir sobre esa riqueza.

El contrapunto con Milei

el Presidente Milei mira la Argentina y ve un país que necesita liberarse de las trabas que, según su diagnóstico, lo hicieron fracasar durante décadas. Quintela mira la Argentina y ve un país que corre el riesgo de liberarse de demasiadas cosas al mismo tiempo.

Milei dice: dejemos que el capital venga. Quintela responde: que venga, pero que no decida por nosotros.

Milei pone el acento en la propiedad privada. El peronismo pone el acento en la función social de esa propiedad y en el papel del Estado como garante del interés colectivo.

Milei confía en que una economía más libre generará prosperidad. Quintela plantea que la prosperidad, si no queda en manos de los argentinos, puede terminar siendo simplemente crecimiento de unos pocos. Y acá está el debate que deberíamos tener acerca del país que queremos.

Una advertencia que también nos obliga a pensar

Ahora bien, también tenemos que ser precisos.

Decir que se va a expropiar “lo que sea necesario” es una declaración política potente. Pero gobernar es bastante más complejo.

¿Qué significa necesario?

¿Quién lo define?

¿Con qué criterios?

¿En qué casos?

¿Con qué compensación?

¿Con qué garantías?

El peronismo no puede responder estas preguntas solamente con épica, tiene que responderlas mediante instituciones porque defender al Estado también significa defender un Estado que cumple la ley.

Y porque la seguridad jurídica no es una bandera liberal que el peronismo deba regalarle a Milei, también debe ser nuestra bandera porque un país serio puede cambiar de gobierno sin sustituir las reglas de juego.

Puede revisar decisiones, corregirlas y puede incluso revertirlas cuando corresponda, pero tiene que hacerlo dentro de la ley y con argumentos. Eso también es soberanía.

Desde La Rioja

Quizás por eso particularmente es interesante que esta discusión aparezca desde La Rioja. Porque los riojanos conocemos demasiado bien lo que significa estar lejos de los grandes centros de decisión.

Conocemos lo que hizo y hace el centralismo, conocemos la discusión por los recursos que nos pertenecen y se niegan a reconocernos, conocemos las dificultades de desarrollar una economía provincial a 700 km del puerto mas cercano y por ello tambien, conocemos la necesidad de que el Estado esté presente.

La cuestion aqui no es “cerrarnos al mundo”, sino «abrirnos al mundo pero bajo las consiciones adecuadas»

Recibamos inversiones pero negociemos. Busquemos capital. Pero pongamos condiciones.

Explotemos nuestros recursos. Pero agreguemos valor.

Desarrollemos nuestras provincias. Pero hagamos que la riqueza quede, en buena medida, donde se genera.

Y defendamos la propiedad privada. Pero sin aceptar que la propiedad privada sea utilizada como argumento para renunciar a cualquier capacidad del Estado de defender el interés colectivo.

Esa, para mí, es una posición peronista y sobretodo profundamente riojana.

El debate recién empieza

El capítulo sobre tierras extranjeras fue retirado del proyecto, pero no debemos creer que el problema desapareció.

Porque la Argentina necesita capital y hay inversores que quieren venir. Porque tenemos recursos enormes, tenemos tierras productivas, tenemos minerales, tenemos agua y porque en un mundo donde el capital se mueve cada vez más rápido, la pregunta sobre quién controla los recursos estratégicos va a ser cada vez más importante. En definitiva, la pregunta es bastante sencilla.

¿Queremos una Argentina que se abra al mundo para crecer o una Argentina que se abra al mundo hasta el punto de dejar de decidir por nosotros mismos?

Desde La Rioja, la respuesta que propone Quintela merece ser escuchada, No porque el peronismo tenga todas las respuestas sino porque vuelve a poner sobre la mesa una palabra que durante demasiado tiempo fue reducida a los discursos patrióticos y las fechas de calendario: soberanía.

Quizás hoy la soberanía no consista solamente en decir que las Malvinas son argentinas.

Quizás también consista en poder decir qué hacemos con la Argentina que tenemos. Con nuestra tierra, recursos. provincias. riqueza y sobre todo con nuestro futuro.

«Abrirse al mundo, sí. Entregarse al mundo, no.»

Ese es, creo yo, un buen punto de partida para que el peronismo vuelva a discutir qué país quiere construir.